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“El adiestramiento es un baile de emociones con tu perro”.

Gracias a la hospitalidad de Pedro, una veintena de seminaristas pudimos disfrutar de las estupendas instalaciones de Togaricha; donde gracias a la iniciativa de Max, pudimos compartir el saber de José Antonio Gómez, maestro de adiestradores y director del Grupo Yaakun y de Tutonka. Un saber que queremos compartir con los lectores de canmagazine.es, aunque con la lógica brevedad que exige el medio.

El seminario tenía como objetivo enseñarnos a entender al perro y a saber cómo le afectan nuestra actitud y nuestros actos, para que, evitando los métodos punitivos, el adiestramiento se convierta en un baile de pareja que, para ser armónico, requiere aprender movimientos creados a base de: sentimientos, técnica, coordinación, motivación, armonía, respeto, juego y una sonrisa. No es posible bailar bien con miedo, estrés, rabia, mal humor o rigidez, sino con sensibilidad y empatía.

Por lo que se refiere a la técnica, el tiempo de los ejercicios depende del animal, pero no puede ser mucho para que no se aburra. Lo normal son 10 minutos, aunque depende de lo motivado que esté, porque sólo se puede bailar bien cuando el perro y su guía disfrutan.

Los ejercicios deben hacerse por bloques para luego, paso a paso, montar la coreografía encajando las piezas como un puzzle. Será más o menos fácil, en función del grado de comunicación y empatía que logremos con nuestra pareja. Tan importante es hacerse comprender por el perro, como aprender su lenguaje corporal, su forma de expresar deseos y emociones.

Para que nos comprenda más fácilmente, debemos conocer su psicología, utilizando en primer lugar el lenguaje emocional, porque la emoción marcará nuestro quehacer; luego usaremos la expresión corporal y, finalmente, las palabras.

También es posible utilizar herramientas como el clicker para que el perro retenga lo aprendido y lo guarde en su “disco duro”. El uso correcto de este instrumento, potencia y alarga las expectativas positivas del perro, así como su capacidad de pensar y deducir.

Además, hace falta respeto, coherencia, tesón y seguridad para confiar al perro la resolución de problemas. La repetición del ejercicio en diferentes circunstancias evita que se convierta en un acto mecánico, sin sentido, y ayuda a su mente a comprender y a pensar.

Crear un vínculo emocional, permite compartir sentimientos mutuos y entenderse mejor. Jugar con el perro en el suelo, es una buena forma de iniciar este vínculo porque ambos perciben placer y confianza. Ahora bien, no valen los mismos juegos para todos porque cada perro tiene un alma, y una forma de jugar, diferente. Lo mejor es observarle, relajarse y disfrutar del momento.

Ayuda también aprovechar las habilidades que le proporcionan conductas ancestrales como la caza: buscar, perseguir, acechar, atrapar y comer…. Y ser conscientes de que los perros no obedecen, sino que actúan por estímulos y motivaciones, así que ofreciéndoles PAZ, es decir: tranquilidad, equilibrio y afecto, logramos que estén mejor predispuestos para el baile.

El entrenamiento consta de dos fases: el guiado, en el que se le induce a hacer el ejercicio utilizando la comida o el juego como motivación, y la deducción, en la que el perro aprende a observar el problema, pensar la respuesta y resolverlo.

Cuando se supera la segunda fase el perro pasa de ser reactivo a proactivo, es decir que ya no reacciona ante nuestro estímulo, sino que por propia iniciativa, nos pide un baile. Simplemente tenemos que guiarles, no exigirles, porque es más fácil enseñar sin crear conflictos.

Los castigos sobran porque cualquier perro funciona mejor si se siente cómodo, seguro y feliz. Cuando hace algo mal, en lugar de enfadarse con él, simplemente hay que omitir el estímulo. Los perros pueden sacar lo mejor o lo peor de nosotros mismos, y siendo espejos de nuestras emociones, su comportamiento refleja el nuestro.

Ahora bien, siempre hay excepciones, y en casos de perros adultos que nos llegan con conductas indeseables, puede ser estrictamente necesario utilizar el “NO”, e incluso determinados correctivos, ya que no comparten con nosotros unas herramientas de comunicación aprendidas desde cachorros.

En las competiciones o cuando vamos a un sitio nuevo para ellos, es importante dejar que se adapten al ambiente, que huelan el entorno y a la gente, para puedan sentirse seguros y tranquilos. Por ende, lo peor que se puede hacer es obligarles a competir mediante una conducta agresiva.

Tras la teoría, José Antonio dedicó una gran parte del tiempo a la aplicación práctica de los conocimientos explicados más arriba, como puede verse en las magníficas fotografías realizadas por nuestra amiga y compañera Mónica Pereira.

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